A un paso de la sentencia final, el padre de Paulina detonó una bomba: acusó a la abogada feminista Soledad Deza de “entregar” la causa a cambio de un cargo en la Justicia. “Es la recompensa a la traición”, sentenció en medio de un clima de máxima tensión.
Con la voz cargada de indignación, Lebbos denunció lo que considera una maniobra siniestra. Tras conocerse que el fiscal Carlos Sale desistió de acusar a Sergio Kaleñuk (vinculado al círculo íntimo del alperovichismo), Lebbos disparó al centro del sistema:
“La responsable de que este hombre se vaya libre tiene nombre y apellido: Soledad Deza. Está a punto de asumir en el Ministerio Público Fiscal como recompensa a esta traición a mi nieta“.
Para el padre de la víctima, el silencio de su nieta Leticia en este debate no es casualidad, sino el resultado de una estrategia de Deza para “limpiar” el camino a los hijos del poder, asegurándose así un sillón en la justicia tucumana.
La guerra silenciosa: “¿Secta feminista o libertad?”
Este estallido es el capítulo final de una guerra que viene de largo. Lebbos ya había denunciado que su nieta fue “cooptada por una secta feminista” que le habría “lavado el cerebro” para alejarla de su familia y de la búsqueda de justicia.
La respuesta de Deza no se hizo esperar, en una defensa feroz de su ideología. Asegura que las feministas fueron las únicas que “aliviaron la conciencia” de la joven, permitiéndole dejar de ser una “víctima” para empezar una vida nueva, lejos del apellido Lebbos y del odio. “A Leti no la controla nadie”, retrucó la letrada, defendiendo el derecho de la joven a no querer “poner el cuerpo” en un juicio que solo le trae dolor.
Mayo: Un veredicto bajo sospecha
Mientras el país mira a Tucumán, el tribunal confirmó que la sentencia llegará en mayo. El pedido de perpetua para César Soto parece ser el único consuelo para una querella que se siente abandonada por el Estado.
¿Hubo un pacto bajo la mesa? ¿Es el nombramiento de Deza el precio de la libertad de Kaleñuk? La sombra de la impunidad política vuelve a sobrevolar el caso más emblemático de la provincia, dejando una herida que, a 20 años del crimen, parece sangrar más que nunca.